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¡Aprendiendo a hablar en clase! La educación lingüística y el poder de las palabras.

  • Daniela_Gamez27
  • 30 may 2019
  • 2 min de lectura

Actualizado: 12 jun 2019

La enseñanza de la educación lingüística busca un cambio en lo referente a sus teorías, sus prácticas y sus metodologías principalmente por el objetivo esencial de dicho proceso que no es solo la enseñanza efímera de conocimientos formales y gramaticales sobre el uso correcto de la lengua, sino que además debe colaborar con el dominio de los usos verbales con los cuales las personas a diario interactúan como hablantes, oyentes, lectores y escritores. Tal como lo afirma Lomas (2017) “un saber hacer cosas con las palabras y no un saber sobre las palabras”.

Hoy la tarea del profesor es más compleja ya que para una buena enseñanza y recepción de ella por parte de los estudiantes no basta con tener una cierta formación gramatical sino emplear demás saberes lingüísticos como la pragmática, la lingüística del texto o la semiótica, pues el profesor debe actuar como mediador en la elaboración y calificación de textos orales y escritos e introducir estrategias de ayuda que enriquezcan dicho proceso. En este contexto hay que tener en cuenta que el aprendizaje de una de las competencias y habilidades más esenciales en la vida de las personas como lo es el saber hablar no se adquieren fácilmente ya que su aprendizaje requiere un constante uso dentro y fuera de las aulas, esto también quiere decir no solamente dentro de la clase de lengua, de igual manera la adquisición de las destrezas escritas y literarias es un proceso lento que requiere de tiempo y esfuerzo. De este modo, los maestros deben ser conscientes que los resultados del aprendizaje de los estudiantes no solo dependen de su capacidad de entendimiento y de su entusiasmo sino también de los contextos culturales o sociales de los que puede proceder cada uno de los estudiantes.

Es por eso que lo esperado entre maestros y estudiantes es que den vida a lo que es un salón de clase el cual no es solo el espacio físico regido por un currículo con finalidades y contenidos debidamente establecidos para seguir al pie de la letra. Ambas partes deben contribuir en la construcción de un ambiente de aprendizaje netamente comunicativo e interactivo, donde la lengua no se hable exclusivamente en la clase de lengua, sino que el habla donde se dice, se hace y se produce algo al decir esté naturalmente inmerso en cada uno de los espacios educativos.


Referencias

Lomas, C. (2017). La educación lingüística. En C. Lomas, El poder de las palabras. Bogotá, Colombia: Buena Semilla.


 
 
 

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